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¿Cuánto tiempo le hace falta a México?

Tiempo

A tres años de “la esperanza de México”, no se ve por dónde es la salida. Tres años son muy pocos para darle la vuelta a década tras década de construcción de un sistema que propicia pobreza, inseguridad y corrupción, dirían algunos. Sin embargo, lo anterior no hace inválida la pregunta ¿Entonces cuánto tiempo hace falta?

Debido a que los políticos de toda la vida nunca nos han mostrado un plan con objetivos y tiempos, y la excusa de siempre, ante los malos resultados, es que “se requiere tiempo porque los anteriores lo hicieron muy mal”, nos tenemos que dar a la tarea de calcular cuánto tiempo les va a llevar a ellos cambiar a México.

La aritmética es muy sencilla, tan solo hay que aplicar las denominadas matemáticas del panadero. Para eso, primeramente hay que entender que si queremos lograr que México transite por el camino del desarrollo económico, social y, sí, incluso el del desarrollo político, es necesario un cambio en las políticas públicas, pues es evidente que con las que contamos no funcionamos. En cada periodo legislativo y en cada sexenio, los políticos, de la extracción partidista que sea, intentan hacer pequeños cambios, ajustes, reformitas en la ley, a veces lo logran y a veces no. Y cuando lo logran, muchas veces estas reformitas o ajustes son derogados en los posteriores periodos legislativos.

¿Ya hiciste las matemáticas del panadero? De ajuste en ajuste, de reformita en reformita, cuándo se va a deshacer la consolidación de un sistema político que nos ha probado a los mexicanos que no funciona para nosotros. La respuesta es sencilla: Nunca. Para ejemplo la reforma energética, se hizo una reformita en el sexenio pasado, cuyos efectos no se vieron reflejados en un mejor servicio ni en una disminución de los precios. El actual gobierno pretende darle reversa hacia el modelo anterior, que tampoco nos funcionaba. Todo esto nos regresa de nueva cuenta a la yarda cero, cuando bien nos va, pues a veces quedamos peor. México, con estos experimentos de mala política, se va hundiendo cada vez más.

Esto no es del desconocimiento de los políticos que hoy nos gobiernan, y no hago referencia sólo al partido en el poder de la presidencia, me refiero a todos, porque los que están en las cámaras también son gobierno. No hay político gobernando actualmente, que tenga la intención de deshacer las políticas públicas que no nos funcionan, su única intención es adaptar las políticas públicas a intereses particulares y de grupos de poder. Es por eso que el único cambio que los mexicanos logramos percibir, es que cada vez nos alcanza menos el salario, no hay empleo o el que hay no paga bien, cada vez es más complicado emprender, y la criminalidad e inseguridad van en aumento.

Es cuestión de tiempo

Sin duda el tiempo es un factor, como también lo son todos aquellos factores que nos den algo de certidumbre sobre hacia dónde queremos llevar a México, en qué queremos convertirnos como nación y cómo vamos a lograrlo. Si los político de siempre no son capaces de responder a las preguntas que nos den certidumbre, entonces es tiempo de una nueva clase de políticos.

Ya vimos que la clase de políticos que nos han gobernado hasta ahora, que van desde el espectro político socialista (marxista o izquierda dura), hasta el social demócrata (socialismo mercantilista, centrista e incluso de derecha mala), todos estos no tienen intención de abandonar el sistema que ellos mismos han creado.

La clase de políticos que requerimos, son los que se ven inspirados en las doctrinas conservadoras y liberales clásicas, de aquí que amalgaman una ideología con tres principios: Gobierno limitado, mercados libres y propiedad privada.

Esta nueva clase de políticos son representativos de las bases sociales, que resultan en la mayoría y que conforman a los dos grandes grupos: conservadores pro vida y pro familia, y los capitalistas en pro del libre mercado. En ambos grupos sociales hay tanto ricos como pobres, pues dentro del segmento de la sociedad de escasos recursos, hay tanto trabajadores asalariados, gente de familia, como también hay emprendedores, dueños de negocios pequeños o vendedores en mercados callejeros.

Una clase política ideológica y representativa, es también programática, pues lleva su ideología hacia un programa que resuelve la situación de pobreza e inseguridad de sus representados: mediante un programa concreto de políticas públicas que privatizan lo que debe de ser privado y desregulan las leyes que entorpecen el desarrollo económico, social y político. Un programa que recorta los poderes, funciones y gastos del Estado, para que este se enfoque en seguridad y justicia, y los ciudadanos, las empresas y las instituciones privadas, se dediquen a generar más empleos y mejor pagados, más riqueza, y mejores condiciones sociales.

La vía, para esta emergente clase de políticos, es indudablemente la vía política y electoral, mediante la creación de partidos políticos privados, que postulen candidatos y sumen votos, y que además se encuentren fuera del sistema, no estatizados ni sirviendo como apéndices del Estado, como así lo hacen los partidos políticos que conocemos de toda la vida.

Así, agregando un nuevo conjunto de políticos liberales clásicos sobre la arena de la contienda política mexicana, lograremos tener por un lado a los políticos que eternizan al sistema vs una nueva generación de políticos verdaderamente anti-sistema.

Ya no hay tiempo que esperar, llegó el tiempo de los liberales clásicos y el tiempo de tomar verdaderas decisiones: seguir con los que luchan entre ellos para repartirse el botín o abrirnos espacio para retomar lo que es nuestro y por derecho nos pertenece.

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