A veces se cree que los liberales clásicos hablamos de asuntos de libertad social, política y económica solo como algo al interior de la nación. Sin embargo, el tema va más allá.
No podemos hablar de libertad al interior si, en el exterior, no somos una nación libre y soberana. Y México no es ni libre ni soberano.
El proyecto de LIBEREMOS MÉXICO no contempla solo asuntos internos; también considera la política exterior, principalmente aquella que nos ata económicamente y, en los últimos años, incluso social y culturalmente.
Antes que cualquier derogación de leyes —las malas, por supuesto— o la promulgación de nuevas reformas internas (las cinco reformas), primero hay que desligarnos de aquello que nos tiene atados de pies y manos.
Por ello, el primer paso dentro de nuestro proyecto La Gran Devolución —que también puede ser el tuyo— es restaurar la soberanía nacional mediante la rescisión, parcial o total, de todo convenio, pacto, protocolo o tratado que usurpe la soberanía nacional y someta, mediante leyes nacionales, a los individuos y a las familias.
Lo anterior supone tomar distancia de aquellas entidades u organismos supranacionales que imponen el marxismo clásico o económico y el marxismo cultural, entre otros: la ONU, el FMI y el Banco Mundial.
Es desde estos tratados y desde estas organizaciones, que actúan como un gobierno internacional, que no solo se nos somete como nación, sino que se llevan parte de la riqueza que cada mexicano genera.
No es que estas organizaciones se queden directamente con nuestra riqueza a partir del sometimiento, sino que han conformado un sistema económico y político para que las grandes corporaciones —bancarias y de otra índole— se queden con nuestro valor.
¿Cómo lo logran? Con la droga del crédito, a la cual los politiqueros son adictos. Aun sabiendo que se trata de una gran estafa, recurren a ella para comprar, por la vía populista, nuestro control. Los créditos internacionales, la impresión de dinero sin respaldo real, la inflación, las regulaciones y las normas son mecanismos para que solo unos cuantos disfruten de la riqueza y el resto paguemos la cuenta.
Y no conformes con todo esto, ya nos encontramos en la siguiente etapa: la cultural, diseñada y construida para generar mayor adoctrinamiento, confusión social y división entre las familias: la Agenda 2030.
Si has llegado hasta aquí, te darás cuenta de que no será tarea fácil. También debes darte cuenta de que no existe, dentro de los partidos políticos de siempre, uno que hable de esto. Para los partidos tradicionales, lo que importa es tomar aunque sea una pequeña rebanada de ese grande y fraudulento pastel.
Te invito a conocer el proyecto. No te quedes solo con la vaga idea de que se trata de buenas intenciones. No: vamos por todo, aunque esto signifique tener que luchar contra el mundo entero, para que México sea realmente una nación realmente libre.